El 8 de marzo se celebra el Día Internacional de la Mujer con el objetivo de un futuro con igual de derechos y oportunidades para todas las personas. Este año, la Organización de las Naciones Unidas propone como lema: “Mujeres líderes: Por un futuro igualitario en el mundo de la Covid-19”

Desde SEDET queremos contribuir a conmemorar este día con unos breves apuntes sobre una de las grandes amenazas para la salud de las mujeres en todo el mundo: el consumo de tabaco. Prevenir y tratar el tabaquismo en las mujeres es una prioridad para la Salud Pública y la atención sanitaria. En 2010, la Organización Mundial de la Salud dedicó el Día Mundial sin Tabaco al tema “Género y tabaco: la promoción del tabaco dirigida a las mujeres”. Hoy sigue plenamente vigente la preocupación por el consumo de tabaco en mujeres y se mantiene la promoción de la industria que necesita nuevos consumidores para mantener su negocio, como hemos podido ver en las recientes campañas de promoción de los nuevos dispositivos electrónicos presentes en calles y medios. 

El 20% de los más de mil millones de fumadores en el mundo son mujeres. En nuestro país, según la última Encuesta Nacional de Salud el 24,4% de la población de 15 y más años fuma. Siguen fumando más los hombres, aunque las diferencias son menores entre los jóvenes. El porcentaje de fumadores es del 25,6% en hombres y del 18,8% en mujeres. El 17,6% de los jóvenes entre 15 y 24 años fuman (20% de los hombres frente al 15,1% de las mujeres)

Entre 1993 y 2017, la proporción de hombres que fuma a diario ha caído 18 puntos, mientras que la proporción de mujeres apenas ha disminuido . En relación con la anterior encuesta el porcentaje de mujeres fumadoras no ha descendido (ha pasado del 18,6 al 18,8%). 

Según el informe ESTUDES el consumo de tabaco entre los jóvenes de 14 a 18 años es más frecuente en el grupo femenino (10,3% entre las chicas frente a un 9,4% en los chicos).

Hace años, la proporción de mujeres fumadoras era mayor según se ascendía por la escala social, en la actualidad este patrón se está invirtiendo, asociándose el consumo de tabaco a las poblaciones más desfavorecidas de mayor vulnerabilidad. 

Si atendemos a las características diferenciales en cuanto a la patología derivada del consumo de tabaco, podemos decir que el riesgo de enfermedad es mayor en mujeres que en hombres para la misma cantidad de consumo. Como ejemplos, las mujeres fumadoras tienen un 25% más de riesgo de enfermedad coronaria que los hombres fumadores5. También pueden tener más riesgo de algunos tipos específicos de cáncer y una mayor susceptibilidad para el desarrollo de enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC) a igual nivel de exposición, además de sufrir frecuentemente una infradiagnóstico e infratratamiento al ser considerada una “enfermedad de hombres”

La industria del tabaco consiguió cambiar la percepción social marginal del uso de tabaco en mujeres a una imagen de éxito e independencia. Se ha dirigido a sus potenciales clientes a través de la feminidad, el atractivo sexual, la sofisticación, validando los estereotipos de género.

Por otro lado, los sistemas de salud y las estrategias de promoción de la salud, no han tenido en cuenta en general un análisis de género ni se han investigado demasiado abordajes específicos para la mujer. Por el contrario, a menudo los mensajes se han centrado en la desglamurización del tabaquismo, y su papel en la pérdida del atractivo, favoreciendo el estereotipo de identificar mujer y belleza.

Al tratar el tema de mujer y tabaco predominan a menudo los abordajes biomédicos, que explican parte del cuadro, pero que necesitan de un complemento social relacionado con el género, los roles sociales femenino y masculino, sus identidades y las relaciones entre ellos. Muchos estudios se han orientado al papel reproductivo, en los efectos sobre el feto, el papel de la maternidad, etc.  Esto se ha utilizado para movilizar sentimientos de culpa y vergüenza por el daño causado. Algunas guías de práctica clínica para el manejo del tabaco durante el embarazo se centran más en la salud de la mujer que en la del feto como principal motivación, evitando el estigma por parte de los profesionales sanitarios.  

Algunos análisis cualitativos han estudiado si existe un patrón de uso diferencial del tabaco por parte de las mujeres. Las mujeres más jóvenes lo emplean con fines sociales adaptativos, ser aceptadas por las mayores, resultar más atractivas, rebelarse, divertirse10Frecuentemente fuman para afrontar estados de ánimo, sentimientos de soledad, estrés por la carga de trabajo, las desigualdades sociales, la violencia doméstica o para mantener el peso por adaptarse a los patrones estéticos impuestos en la sociedad actual11. Muchas mujeres refieren que el tabaco les permite crear un espacio que les permite aislarse, concederse un tiempo, dedicarse a ellas, controlar emociones, e identifican así al cigarrillo como un amigo, especialmente las mujeres con dificultades vitales10

Por todo ello, dejar de fumar es un desafío para las mujeres, por distintos motivos como diferencias biológicas y hormonales, falta de apoyo social, altas exigencias en el rol de cuidadoras, influencia de la pareja, coexistencia de alteraciones anímicas y de salud mental, el estigma de ser fumadora, particularmente entre mujeres embarazadas y madres, etc. Pero dejar de fumar puede ser también una liberación. 

Las estrategias de tratamiento suelen tener que ver con abordajes de distintas intensidades (intervenciones breves o intensivas) o basadas en los estadios del cambio, o en determinadas condiciones (enfermedad mental, diabetes, etc.) pero, como veíamos antes, raramente en el género. Las guías de práctica clínica no suelen tener en cuenta la perspectiva de género. Se han desarrollado, fuera de los aspectos reproductivos, intervenciones dirigidas a mujeres, orientados con frecuencia al manejo del estrés y de los estados de ánimo, así como en la preocupación por el peso, pero por el momento no hay evidencia de mejores resultados que otras intervenciones no específicas de género

Al dejar de fumar, es frecuente que las mujeres tengan inicialmente menos éxito inicial que los hombres y una mayor respuesta afectiva negativa y menos respuesta a la terapia sustitutiva con nicotina (TSN). Es más frecuente que las mujeres recaigan por situaciones emocionalmente adversas en comparación con los hombres que con frecuencia recaen en eventos sociales. Por otro lado, frecuentemente los profesionales sanitarios aconsejan sobre el abandono del tabaco más a los hombres.

Una extensa revisión de Smith encuentra que las mujeres dejan de fumar menos que los hombres de manera significativa en los ensayos clínicos. Sin embargo, en los estudios observacionales las pruebas son menos consistentes. También los estudios más antiguos tienden a encontrar más diferencias en los resultados de abstinencia que los más actuales. Distintos factores socioculturales y cambios a lo largo del tiempo pueden jugar un importante papel en el desarrollo de estas diferencias.

En relación con los tratamientos farmacológicos, algunos estudios, aunque no todos, describen una menor respuesta de las mujeres a la TSN. Sin embargo, podría existir una mayor eficacia de la vareniclina con respecto a bupropion o TSN en las mujeres, no así en los hombres

En definitiva, podemos decir que la industria ha fomentado el consumo de tabaco a través de una falsa interpretación de la emancipación de la mujer, y esta es penalizada ahora por una menor disminución del consumo sobre todo en las capas más desfavorecidas. Por otro lado, las mujeres sufren más los efectos del tabaquismo en la salud y con frecuencia una atención sanitaria sesgada por estereotipos de género en relación con las distintas enfermedades derivadas. Es necesaria más investigación para conocer si los abordajes específicos pueden ser eficaces y cómo integrarlos en las intervenciones. 

Bibliografia

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14. Smith PH, Weinberger AH, Zhang J, Emme E, Mazure CM, McKee SA. Sex Differences in Smoking Cessation Pharmacotherapy Comparative Efficacy: A Network Meta-analysis. Nicotine & Tobacco Research. 2016:ntw144.

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